Este año parece que se está cebando con las muertes. El último, hace una semana, fue José Saramago:
Saramago era hijo de campesinos pobres, lo cual marcó profundamente su ideología de izquierdas, que no abandonó nunca. Fue un escritor autodidacta que publicó su primera novela, Tierra de pecado, en 1947, por la que recibió muy buenas críticas, a pesar de lo cual estuvo veinte años sin publicar nada («Sencillamente no tenía algo que decir y cuando no se tiene algo que decir lo mejor es callar»). Se dedicó al periodismo a la vez que era militante en el Partido Comunista Portugués, por lo que durante la dictadura de Salazar sufrió censura y fue perseguido. Siempre mantuvo una postura por encima de partidismos políticos y siempre estuvo comprometido con el género humano.
Obtuvo el Premio Nobel de Literatura en 1998 y fue distinguido por su labor con numerosos premios y doctorados honoris causa; es obvio que su obra está considerada por los críticos de todo el mundo como una de las más importantes de la literatura contemporánea.

Su primera gran novela fue Alzado del suelo, un retrato fresco y vívido de las condiciones de vida de los trabajadores de Lavre, una zona portuguesa, incluyendo la Revolución de los Claveles (de la que Saramago tomó parte). Con este libro Saramago consigue encontrar su voz propia, su estilo transparente y casi poético que lo distingue. La lucha de clases se entremezcla con la lucha por la libertad y contra la dictadura. El cacicazgo del Señor, con su poder económico es el contrapunto a los hombres que con sus manos y su sudor deben luchar, día tras día, para logar alzar del suelo un sustento, del que el señor deja una muy pequeña parte para su familia. Así, se pone en funcionamiento un sindicalismo agrario por parte de los campesinos que desemboca en acciones reivindicativas contra los abusos a los que son sometidos, siendo estas iniciativas duramente reprimidas por las fuerzas del orden. El relato, contundente y bien documentado, es expuesto con amargura punzante, con dosis de humor y sarcasmo que hacen que el lector no se pueda quedar impasible ante el mismo.
En los siguientes años Saramago publica casi sin descanso: Memorial del convento (donde cuenta las más duras condiciones de vida del pueblo llano en el mundo medieval, en épocas de guerra, hambre y supersticiones), El año de la muerte de Ricardo Reis, La balsa de piedra (donde cuenta qué sucedería si la península Ibérica se desprendiera del continente europeo), Historia del cerco de Lisboa, El evangelio según Jesucristo y Ensayo sobre la ceguera (obra en la que el autor desde planteamientos éticos advierte sobre «la responsabilidad de tener ojos cuando otros los perdieron», que fue llevada al cine en 2008 por Fernando Meirelles en A ciegas y por la que le dieron el Premio Nobel), Todos los nombres y Las intermitencias de la muerte (que cuenta la historia de un país cuyo nombre no será mencionado en el que se produce algo nunca visto desde el principio del mundo: la gente no muere, pero sigue envejeciendo).
El evangelio según Jesucristo provocó una polémica sin precedentes en Portugal, que se considera una república laica, cuando el gobierno vetó su presentación al Premio Literario Europeo de 1991 porque ofendía a los católicos. Saramago, en protesta, abandonó Portugal y se instaló en la isla de Lanzarote, donde vivió hasta su muerte.
En 2009 publicó la que fue su última obra, Caín. Si en El evangelio según Jesucristo nos dio su visión del Nuevo Testamento, en este libro lo hace del Antiguo, recorriendo ciudades decadentes y establos, palacios de tiranos y campos de batalla de la mano de sus protagonistas: «Qué diablo de Dios es éste que, para enaltecer a Abel, desprecia a Caín».
Falleció a los 87 años el pasado 18 de junio, en Lanzarote, debido a una leucemia crónica que derivó en un fallo multiorgánico.
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